FUTURISMO
Y EL VESTIDO

Escrito por Daniela Correa
para Castel Magazine.

El futurismo como corriente artística tuvo origen en Milán, Italia, a principios del siglo XX, impulsado por el poeta italiano Filippo Tommaso Marinetti por medio del “Manifiesto Futurista”, una publicación realizada en 1909 en el diario parisino Le Fígaro en la cual define al futurismo como un movimiento artístico poco convencional que pretende romper con el pasado, generar controversia y revolucionar al mundo basándose en dos temas principales,
la máquina, el movimiento y la ciudad, algo que los futuristas consideraban como la esencia de la civilización moderna.

Para Marinetti la moda nunca fue considerada una evolución, él la describía como algo maligno que se encargaba de corromper a las mujeres, quienes a su parecer eran demasiado débiles para resistirse a la tentación del último vestido, le atribuía “El menosprecio al amor”. Pero no todo fue una constante crítica con respecto a la moda, el futurismo influyó en artistas como Umberto Boccioni, Carlo Carrá, Luigi Russolo, Giacomo Balla y Gino Severini, quienes en 1910 decidieron firmar el “Manifesto de los pintores futuristas”, que al contrario de Marinetti le dieron un lugar al vestido, declarando: ”La armonía de las líneas y pliegues del vestido moderno obran en nuestra sensibilidad con el mismo poder emocional y simbólico que lo hacía el desnudo en la sensibilidad de los antiguos maestros”. No se podía desconocer el vestido, que naturalmente pertenece al domino artístico. “El traje de una mujer diseñado lúcidamente y bien llevado tiene el mismo valor que un fresco de Miguel Ángel o una madona de Tiziano” (Volt, “Manifesto della moda femminile futurista”, Roma futurista 3, no. 17, 1920, Pág.160).
Éste pensamiento influyó en cada aspecto de la vida cotidiana, desde la forma de intervenir la comida, escuchar la música y observar la pintura, así mismo en el mobiliario, los textiles y  por supuesto el vestuario, que desde el punto de vista del artista futurista debía volverse moderno; para ello el primer paso fue abolir “el sistema de la moda” y empezar a percibir el diseño de cada prenda como una obra de arte, de ésta manera consideraron que nada sería anticuado.

El pintor y escultor Giacomo Balla fue el futurista pionero en el diseño desestructurado del vestido masculino, descomponiendo la anatomía de cada usuario, aportando a cada traje un efecto dinámico y con gran variedad de color, similar al de sus pinturas. Otra característica importante fue acercar al cliente a su traje haciéndolos modificables, permitiendo al usuario expresar su propia creatividad, de ésta manera el vestido dejaba de ser sólo un vestido para convertirse en una obra de arte “abierta”.

Para Giacomo el vestido futurista tenía que ser “de corta duración, para permitir renovar continuamente el placer y la vitalidad de nuestro cuerpo y favorecer a la industria textil”.

La principal característica del futurismo siempre fue dar de que hablar y él sabía que todo esto sobre la ropa femenina habría causado menos revuelo.

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